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París

Desde la fundación de la pequeña Lutecia en el año 300 a. C., París ha sido una ciudad que refleja en cada calle y edificio su larga historia. Siglos más tarde se convirtió en escenario del reinado de grandes monarcas como Luis-Felipe, Luis IX, Francisco I o Luis XIV, quienes ordenaron la construcción de importantes monumentos como la Catedral de Notre-Dame, la Universidad de la Sorbonne o la Sainte-Chapelle. En 1789, la ciudad fue cuna de la Revolución Francesa convirtiendo a la Bastille en el ícono de la revuelta.

Napoleón Bonaparte contribuyó en buena parte a la monumentalidad de París con numerosas construcciones como el Arco del Triunfo. Bajo el reinado de su sobrino Napoleón III (1852-1870), la ciudad se transformó gracias al Barón Haussmann, prefecto de la ciudad, a quien le debemos la planeación urbanística del París moderno, vigente hasta la fecha. Los años finales del siglo XIX y primeros del XX quedaron impresos en la ciudad gracias a al desarrollo de la arquitectura en hierro ?como la conocida Torre Eiffel?, el surgimiento del art nouveau o la construcción del metro.

Aunque los parisinos sufrieron vejaciones y privaciones durante las dos guerras mundiales, la ciudad no fue bombardeada y logró preservar su patrimonio arquitectónico. Si bien la época de la posguerra fue difícil, a mediados de los años 70 París era una ciudad próspera, capital de un país en plena expansión. Durante dicha década y la siguiente, se desarrolló su imagen urbana con la construcción de rascacielos en los distritos XV y XIII, así como en el barrio de la Défense, centro de negocios parisino situado en el noroeste de la ciudad. Bajo la presidencia de François Mitterrand (1981-1995), se crearon proyectos tan grandes como polémicos, como la Ópera de la Bastille, la Pirámide del Louvre o la Biblioteca Nacional.

A través de su historia, la capital se ha mantenido como una ciudad a pequeña escala que puede disfrutarse a pie, donde cada lugar tiene su encanto, cada boutique una sorpresa y cada esquina un café para sentarse a soñar.

En los inicios del siglo XXI se ha acentuado su lado amable: las áreas verdes se multiplican y la política de transporte favorece al peatón y al ciclista, y combate el tráfico vehicular. El Sena y sus muelles se han convertido en el gran paseo de la capital. Además, tal vez porque su población es cada vez más variada en sus orígenes étnicos, los parisinos, que tenían fama de antipáticos, están aprendiendo a sonreír… y hoy resulta más fácil encontrar quien hable inglés y español.

Uno de los grandes aciertos del París actual es su preocupación tanto por la eficacia como por el coeficiente estético del alumbrado público, obra de diversos artistas que han iluminado la ciudad, y cuyo punto de partida es la Torre Eiffel y su espectacular centelleo, inolvidable para quien la visita por primera o por décima ocasión.