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Mérida

Con una cultura que logró un alto grado de sofisticación y difusión dentro de México y Centroamérica, los mayas hicieron de Mérida su epicentro. Pueblo de fuerte identidad y una historia de lucha, orgulloso de su capital y su cultura, los mayas ofrecieron una fuerte resistencia a los conquistadores, quienes tardaron 20 años en dominarlos.

Las pirámides de piedra blanca que ocupaban el centro de la ciudad maya, les recordaron a los conquistadores las ruinas romanas de Mérida, España, por lo que la capital yucateca, fundada en 1542, fue bautizada con ese mismo nombre. La urbe más tarde se ha ganado el sobrenombre de “ciudad blanca”, por el esplendor de sus edificios y monumentos iluminados por el sol siempre potente de la península de Yucatán.

Además de la zona más antigua de la ciudad, con su estilo colonial de casonas, con sus patios interiores que suelen estar repletos de plantas, la capital del estado de Yucatán también refleja la influencia de la época porfiriana, en especial a lo largo del majestuoso Paseo Montejo, un bulevar distinguido por sus elegantes mansiones de estilo francés, coronado con el Monumento a la Patria, obra del artista Rómulo Rozo.

Por si fuera poco, por ser la puerta de entrada del comercio a la península de Yucatán, Mérida ostenta cierta influencia francesa, cubana y árabe, visibles, especialmente, en la comida. Así, la metrópoli maya con su valioso pasado histórico y cultural, se sabe también europea y mestiza. Semejante mezcolanza le ha dado a su cultura y costumbres una personalidad única e inconfundible que se percibe también en sus calles, en sus bailes, en su música y en el trato de su gente.

Como capital del mundo maya, Mérida es el punto perfecto para hospedarse y usar como base para explorar los alrededores: las ruinas prehispánicas (Yucatán es el estado mexicano con mayor número de sitios arqueológicos descubiertos), los pueblos de pescadores y las haciendas henequeneras, todos lugares repletos de sorpresas insospechadas.