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Los Ángeles

En un principio se llamó Pueblo de Nuestra Señora de Los Ángeles, pero una vez que las autoridades mexicanas la elevaron a la categoría de ciudad en 1835, cambió su nombre a Los Ángeles. La capital del condado del mismo nombre, con una extensión cercana a los 1,202 kilómetros cuadrados, es una ciudad donde se aglomeran decenas de municipios con características socio-culturales diversas y la mayoría de las veces, contrastantes. Hollywood, se conoce bien, es la capital del mundo del espectáculo; Beverly Hills, el lugar de residencia de connotados actores y personajes del mundo de la farándula; Long Beach, un centro internacional de deportes acuáticos, además de escaparate de la cultura de la imagen.

Sin embargo, un lugar en el que confluyen tantas razas, pensamientos y visiones de la vida, no podía sino poseer un extraordinario bagaje cultural, cuyas bondades son tan evidentes como sus desaciertos, y que en mucho ha contribuido a restar importancia a su imagen de ciudad caótica. Sus instituciones culturales representan la más vigorosa de las vanguardias, y van desde la célebre Universidad de California en Los Ángeles, la Universidad del Sur de California, la Biblioteca Huntington, el Centro Cultural Getty, el Museo de Arte y el observatorio del Monte Wilson. Además del recientemente estrenado Walt Disney Concert Hall, una nave ultra modernista diseñada por el arquitecto de moda de los grandes recintos culturales, Frank O. Gehry, y que es sede de la prestigiosa Orquesta Filarmónica de Los Ángeles.

Tierra prometida para muchos, en más sentidos de los que se imaginan, la ciudad de Los Ángeles es el principal núcleo urbano de la costa oeste de Estados Unidos y, seguramente, lo será hasta el fin de su historia. Rebelde y conservadora, banal y culta, polifacética y cosmopolita, Los Ángeles aún posee el perfume de la seducción que atrae por igual a dandis y pordioseros, a literatos consumados y figurines inanimados de la televisión. Y todos ellos, cualesquiera que sean las razones que les asistan, no vacilan en afirmar que esa gran metrópoli es una ciudad de ensueño.