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Dallas

Al norte del “estado de la estrella solitaria”, Texas, Dallas es una elegante ciudad que ofrece a sus visitantes todo tipo de actividades, cocinas y paisajes. Desde la llegada al aeropuerto, el viajero tiene la sensación de estar en una metrópolis enorme, moderna y organizada, tal y como su aeropuerto.

Como casi todas las ciudades en Estados Unidos, Dallas está dividida en zonas norte, sur, este y oeste. Aunque la universidad, los hoteles, los malls y los parques se hallen distribuidos por todo su trazado.

Pero, como si una ciudad no fuera suficiente, en Dallas se tiene acceso a dos. En efecto, Dallas y Fort Worth no son una sola urbe -como mucha gente piensa-, sino dos, equidistantes del aeropuerto internacional, que no casualmente se llama Dallas/Fort Worth.

Lo rico de tal situación es que Dallas es enorme, moderna, de negocios, con todo lo que se espera de una ciudad de su talla. Mientras Fort Worth, mucho más pequeña y pintoresca, está dividida en cuatro distritos -médico, cultural, histórico y de entretenimiento-, y resulta más proclive a conservar y exhibir su toque de “Lejano Oeste”, que Dallas disimula detrás de sus rascacielos y sus freeways.

Más allá de los prejuicios que se tiene sobre ellos, los dallenses no son amables, sino hipergentiles, hospitalarios, elegantes, cultos y con un amplio sentido de la organización. Sus centros comerciales, sus teatros, sus museos, sus plazas, sus parques, la limpieza en el trazado de sus calles y la pulcritud de las mismas, hablan de la cultura y civilidad de estos portadores de botas, flequillos y sombreros caros.

En cuanto a actividad mercantil se refiere, o sea, al shopping, Dallas se pinta sola. Y esta ciudad ofrece variedad de mercancías y precios: desde los outlets donde se pueden encontrar descuentos de hasta el 70 por ciento todo el año hasta las boutiques y almacenes exclusivos, donde comprar y hacerse agua la boca por mercancías expuestas detrás de las vitrinas, a sólo un desliz de la tarjeta de crédito.

Para los que van en plan negocios, huelga decir que Dallas ofrece servicios hoteleros ejecutivos y de clase mundial, y también cuenta con infraestructura de vanguardia para todo tipo de convenciones.

Y quien piense que va a aburrirse en los ratos libres que le permita el trabajo, está en un error, porque en la ciudad y sus alrededores hay 15 campos de golf. Y si no fuera suficiente, es posible cenar en un castillo medieval, donde presenciar batallas campales de personajes vestidos de acuerdo con aquella época, visitar los viñedos de Grapevine, el acuario, o recuperar la infancia en Six Flags Over Texas. En resumen: Dallas es una ciudad viva y divertida.